Día 11: Orar por protección

"Los que viven al amparo del Altísimo encontrarán descanso a la sombra del Todopoderoso. Declaro lo siguiente acerca del Señor: Solo él es mi refugio, mi lugar seguro; él es mi Dios y en él confío". Salmo 91:1-2


¡Estamos a mitad de camino de El Ayuno! No podemos esperar a escuchar los testimonios de lo que Dios está haciendo en su vida.


Para los que se sienten rodeados por dificultades en este momento y que sienten que las cosas se están cerrando y que están perdiendo la esperanza - queremos animarlos hoy a que no miren a su alrededor lo que los rodea en lo natural. ¡Miren a quién los tiene rodeados!


En el Salmo 125 tenemos esta imagen visual de montañas para ilustrar cómo Dios nos rodea.


"Los que confían en el Señor están seguros como el monte Sion; no serán vencidos, sino que permanecerán para siempre. Así como las montañas rodean a Jerusalén, así rodea el Señor a su pueblo, ahora y siempre." Salmo 125:1-2


Desde el principio de la historia de los israelitas, Dios colocó a su pueblo en lugares rodeados de montañas, y más allá de esas montañas siempre había cosas bastante aterradoras.


De todas las tierras que Dios podría haber dado a su pueblo, les dio Israel. Un lugar rodeado de poderosos ejércitos.


Egipto estaba detrás de una montaña - y era una tierra de carros, caballos y poderosos proyectos de construcción.


Al norte de ellos, atrás de otra montaña, estaban los hititas. Otra nación poderosa, y como los egipcios, querían toda la leche y la miel de la tierra prometida.


Al este, pasando las colinas, estaban los babilonios, con sus poderosas fuerzas y su determinación de hacer miserable la vida del pueblo de Dios.


Y al oeste de Jerusalén, el Gran Mar, con sus aterradoras tormentas y las grandes bestias del océano.


Los israelitas, por otro lado, no tenían nada, eran pobres "ex-esclavos" sin armadura y sin experiencia en la lucha.


Estaban rodeados de poderosos ejércitos y enemigos. Pero también estaban rodeados de montañas. Montañas que servían para protegerlos de sus enemigos. Dios situó a su pueblo en los valles montañosos y protegidos, en Jerusalén.


El Salmo 139:5-7 deja tan claro, que no importaba a dónde fuera el pueblo de Dios, no podían escapar de Dios, que Él hizo provisión, y se preocupó por su seguridad:


"Tu protección me envuelve por completo; me cubres con la palma de tu mano. Conocimiento tan maravilloso rebasa mi comprensión; tan sublime es que no puedo entenderlo. ¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu? ¿A dónde podría huir de tu presencia?”.


Los israelitas tenían montañas y colinas a su alrededor, Dios los había protegido y rodeado, pero aquí en este salmo tenemos esta imagen de Dios poniendo también su mano sobre su pueblo, el último punto expuesto.


Dios pone su mano sobre ellos desde arriba. No para condenar. No para oprimir. No para limitar. No para destruir, sino para calmar y proteger. Para amar y aliviar. Para sanar.


Dios nos cuida las espaldas, y el frente, junto con cualquier otra área de vulnerabilidad.


Puede que estés rodeado de problemas y presiones, pero lo que no puedes ver es que el Dios Altísimo está rodeando lo que te rodea a ti. Hay otro mundo que no puedes ver con tus ojos naturales.


Si Dios corriera la cortina, verías a poderosos ángeles trabajando a tu favor, haciendo guardia, protegiéndote, haciendo retroceder a las fuerzas de la oscuridad. Verías a Dios quitando a las personas equivocadas de tu camino y alineando las cosas a tu favor, organizando las buenas oportunidades, la sanidad y la liberación.


Si sólo te centras en lo que ves con tus ojos físicos -la enfermedad, la adicción y el obstáculo- te preocuparás y te desanimarás. A través de los ojos de la fe, necesitas ver que cada obstáculo que te está deteniendo, y cada persona que te preocupa en este momento, está rodeada por el Altísimo.


Hay muchas cosas en las que podrías sentirte tentado a retirarte. Pero necesitas refugiarte deliberadamente en Jesús para sentirte seguro y protegido hoy.