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Anhelo Profundo 

 

“Así como un venado sediento desea el agua de un arroyo, así también yo, Dios mío, busco estar cerca de ti. Tú eres el Dios de la vida, y anhelo estar contigo”.   

Salmo 42:1-2 TLA

 

¿Cuántas veces has deseado algo? Desde niños tenemos un sinfín de deseos que nos gustaría que fueran realidad, algunos muy simples que nuestros padres pueden saciar; un helado o una salida al parque en familia. Cuando crecemos nuestros deseos cambian; comprar una casa, tener un negocio, casarnos, tener hijos, etc. 

 

El deseo es una fuerza de nuestro instinto, surge de las entrañas (en donde normalmente sentimos todas las emociones), para suplir necesidades materiales, económicas y de estatus. La sensación de deseo genera en nuestro cuerpo adrenalina y energía necesaria para llegar a nuestro objetivo. Con el fin de cumplir un deseo, a la persona no le importa que tenga que hacer, por lo que realiza conductas no adecuadas e incluso hasta dañinas para sí mismo y su alrededor, por ejemplo, cuando un niño hace berrinche para lograr saciar su deseo de un helado. El deseo proviene del placer, es efímero y mundano, biológico y pasajero, una vez que se alcanza deja un vacío que se llena con otro deseo. 

 

Por el contrario, el anhelo surge del corazón, es una fuerza sublime que enciende el espíritu. Este se mantiene en todo nuestro ser, por lo que cuando logramos lo que anhelamos nos inunda una satisfacción muy grande, nuestro interior se modifica, llegamos a ser mayormente consientes y sensibles espiritualmente. Un anhelo se alimenta del amor, produce inspiración, respeta el ambiente por lo que los beneficios de alcanzarlo no son únicamente personales, si no en comunidad. 

 

El anhelo es más trascendental que el deseo, no habita temporalmente en nuestro cuerpo si no que permanece en nuestro corazón. 

 

Detengámonos un momento, oremos por sabiduría al Señor y reflexionemos en esto: La Palabra de Dios habla acerca de que Él es agua viva, que puede dar de beber a los que tienen sed. ¿Tu sed es efímera y mundana o trascendental? 

 

Pregúntate; ¿Deseo o anhelo la presencia de Dios? ¿Mi necesidad de Dios proviene de saciar un deseo emocional? ¿Quiero ser saciado momentánea o eternamente? ¿Qué aspectos debo modificar en mi vida para anhelar una relación con Dios? 

 

Dios quiere hacer grandes cosas, Él no solo quiere darnos de beber, quiere inundarnos con su agua viva, pero necesitamos hacer cambios verdaderos, buscar ardientemente la presencia de Dios y tener un anhelo profundo de encontrarnos con Él diariamente. Seamos como ese venado sediento de agua. Que esta sea nuestra oración; “Oh Dios, tú eres mi Dios; yo te busco intensamente. Mi alma tiene sed de ti; todo mi ser te anhela, cual tierra seca, sedienta y sin agua”. Salmo 63:1 (NVI)

 

 

 ¿Qué puedo hacer hoy?

 

  • Pregúntate: ¿Cómo puedo convertir mi deseo de experimentar un momento con Dios en un anhelo profundo de vivir en Su Presencia?

  • Decídete a aplicar una o todas las ideas.

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